BARCELONA.- Nunca imaginó Joan Laporta que a él también le tocaría sufrir la ira del Camp Nou. En una escena que recordó a los tiempos en los que Joan Gaspart ocupaba la poltrona, hace ya un lustro, unos 200 aficionados se agolparon en las puertas blindadas del palco para reclamar la dimisión del presidente. Escasos minutos después de haber recibido la primera gran pañolada de su mandato, Laporta no tuvo otra que parapetarse en la zona noble del estadio mientras socios y aficionados expresaban su cólera al grito de exabruptos que parecían cosa del pasado. «¡Sinvergüenza!», «¡Sal ahora a dar la cara!», «¡Laporta dimisión!» o «¡Barça sí, Laporta no!». Aunque también recibieron los futbolistas: «¡Jugadores, mercenarios!».
El Camp Nou lleva demasiado tiempo soportando un buen surtido de miserias sin que la directiva haya puesto solución alguna. La sospechosa gestión del caso Ronaldinho, la permisividad ante la vida disoluta de algunos miembros de la plantilla... La junta no ha sabido atajar la gangrena, por lo que medio club anda ya podrido ante el gran pesar de un barcelonismo que ya demanda cambios urgentes. El pueblo pide cabezas, aunque Laporta no esperaba que el socio fuera también capaz de inscribirle en la cola de la guillotina.
Aún con el agobio en el cuerpo, el presidente azulgrana sólo pudo aceptar la realidad: «Entiendo que el público reaccione así. Hay que respetarlo». Con menos convicción de la mostrada durante el encendido discurso pronunciado por la mañana ante las peñas, Laporta procuró tirar de un optimismo que ya pocos creen: «Sigo pensando que aún podemos ganar esta Liga. Este campeonato está muy confuso, y parece que nadie lo quiera ganar». Además el presidente azulgrana se permitió aconsejar a la afición sobre lo que tiene que pensar: «El estado de ánimo debe ser el de la ilusión por ganar. El barcelonismo tiene que pensar en esta línea».
Mientras los aficionados insistían, también, en cargar contra el secretario técnico, Txiki Begiristain, o demandaban el fichaje de Jose Mourinho como sustituto de Rijkaard, Eto'o decía no entender nada desde la zona de vestuarios. «El público ha sacado toda la molestia que lleva dentro, pero hay que entender que somos el mismo equipo que lo ganó casi todo hace sólo dos años», declaró el camerunés, que intentó llamar a la calma: «Pasamos por un momento difícil, pero hoy necesitamos más que nunca el apoyo del público. Entiendo su cabreo, porque viendo la plantilla que tenemos...». Tampoco faltó la puya del delantero: «Más que enfadarse, ahora nos hace falta gente que nos apoye».
Será difícil hacerle caso a Eto'o. Sobre todo, atendiendo a las cifras que viene acumulando el Barcelona. A siete puntos del líder, el Real Madrid, el equipo azulgrana tan sólo ha conseguido cinco puntos de los últimos 18 posibles. Además, el empate de ayer ante el Getafe supuso el segundo encuentro de toda la temporada en la que el equipo de Rijkaard se quedó sin marcar en el Camp Nou. La primera vez fue en el clásico de diciembre ante el Real Madrid.
Otros jugadores también intentaban explicarse lo que ocurría: «No sé a quien irán dirigidos los pitos. El público tendrá sus razones, pero el equipo hizo un gran esfuerzo y para mí no es entendible lo ocurrido», comentó Márquez. En cambio, Sylvinho entendía mejor las razones de una afición que empieza a hartarse de estar harta: «La afición tiene todo el derecho de decir lo que piensa y ésto es lo que pasa cuando las cosas no van bien».
Lo que pasa es que ya abundan las pancartas que piden abiertamente la dimisión del presidente. Una de ellas no podía ser más explícita: «No merecéis llevar este escudo y estos colores. Sentimos vergüenza de vosotros». Y así muchas más.